Lo Limpio Y Lo Sucio

Lo Limpio Y Lo Sucio

Author:Georges Vigarello
Language: es
Format: mobi
Tags: Humanidades_Historia
Published: 1985-01-01T00:00:00+00:00


Las duplicidades del perfume

Con el perfume cambia una referencia dominante, cuyo sentido es de lo más revelador. Simple efecto de superficie, el perfume ya no puede engañar: «Los olores se relacionan menos con la limpieza que con cierto gusto depravado o con cierto aire de moda, cuyos arbitros son los petimetres»[505]. Se van multiplicando las críticas contra «el olor de los inciensos y de los polvos ambarinos»[506], el «peligro» de los aromas[507], las turbaciones y los «vapores» provocados por el almizcle[508], son otros tantos objetos que enervan y debilitan otras tantas prácticas contrarias a la naturaleza. Hasta el inocente deshojar de las rosas «puede hacer desfallecer»[509]. Bomare, en su Dictionnaire d'histoire naturelle, en 1764, parece encantado de ofrecer las pruebas de tales afectaciones, comparando el olfato limitado del hombre con el de los animales. La enfermedad no tiene más que una fuente, «el exceso de fuertes olores del que los hombres se rodean sin cesar»[510]. Lo que Buffon afirmaba ya, no sin crispa-ción, cuando evocaba este «furor con el que intentamos destruirnos»[511] cuando excitamos con demasiada violencia el olfato. Los perfumes que se suben a la cabeza no son más que afeminamiento. A lo que se añade la sospecha que despierta la idea de la limpieza que éstos pueden provocar, exactamente como la «falsa belleza» produce «un efecto más repulsivo que la fealdad más pronunciada»[512].

Parece que el artificio del perfume, por otra parte, se sitúa en los antípodas del espíritu burgués, pronto triunfante. El perfume se desvanece, se evapora y simboliza la dilapidación y la pérdida. No sólo son productos de superficie, sino que son también productos evanescentes que se desperdician. Son disipación, volatilidad fugaz y sin retorno, lo inverso de la acumulación y del atesoramiento. El perfume se difunde y se evade y esta inestabilidad decepciona ahora. Crítica que Corbin hizo de manera notable: «Es algo intolerable para el burgués sentir cómo se van desvaneciendo así los productos que su labor ha ido acumulando. El perfume, al que se acusa de ser la traducción de la molicie, el desorden y la afición al placer, es antinómico del trabajo»[513]. Y redobla entonces los efectos «negativos» de los valores de la apariencia.

Tal descalificación no puede sino interferir en ciertas costumbres que se juzgaban hasta entonces purificadoras. Antes, el perfume podía corregir los olores del cuerpo, modificando su materia íntima; combatía directamente el hedor, porque «atacaba» a su sustancia misma. En cierto sentido, incluso lavaba. Su sola aplicación limpiaba y purificaba. Transformaba muy «concretamente» el origen de los malos aires. Ahora bien, «está perdiendo precisamente todo crédito»[514] en la acción contra las atmósferas malsanas y los efluvios apestosos. Es otro costado del aseo que se está perdiendo, e incluso de las prácticas higiénicas. La depuración ya no es el efecto del perfume que ya no actúa sobre la esencia misma del aire y, sobre todo, que no puede llegar al origen de la fetidez: «No hace más que sustituir un olor fétido por un olor agradable; sólo engaña al olfato y no deshace los miasmas pútridos»[515].



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